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martes, 13 de noviembre de 2012

RECOLECCIÓN DE PRINCIPIOS: "El 8N Y LA MANIFESTACIÓN DEL EGOÍSMO", por Nelson Pascutto



Manifestantes del 8N
Decía Perón que, “con la libertad y la democracia ocurre lo que con la generosidad: que muchos quieren que los demás la practiquen, a fin de hacer más provechoso su egoísmo.” De modo tal que “si un gobernante elegido por su pueblo, hace lo que su pueblo quiere y en ese concepto lucha por la justicia social, la independencia económica y la soberanía de su patria, se le declara dictador y su gobierno totalitario.”
         
          Si bien el General en el exilio se refería a la democracia de su tiempo, al parecer las cosas no cambiaron tanto. Chávez y Cristina Kirchner, en las últimas y recientes elecciones presidenciales, obtuvieron casi el 55% de los votos; y, además, el presidente venezolano aventajó a Capriles en más del 10% y la presidenta argentina superó al contrincante más cercano en casi el 40%.
         
          Pero el contundente apoyo popular no importa, el egoísmo se impone.


          Adam Smith, en su célebre libro “La riqueza de las naciones”, decía que “no es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de lo que esperamos nuestra comida, sino de la consideración de su propio interés”. El economista escocés se refería al interés como parte del sentido común de la sociedad, de modo que el egoísmo cumpliría un rol social constructivo.
          Sin embargo, el interés que demuestran los férreos detractores de las mayorías –que llaman dictador a un presidente que ganó catorce elecciones incuestionables en la que participó directa e indirectamente, o autoritaria y monárquica a una presidenta que fue reelegida por la mayoría absoluta de su pueblo–, es un interés que exacerba el egoísmo al punto de transformarlo en destructivo.

          La democracia, como gobierno del pueblo, necesita de mayorías que participen, beneficien y que, conforme su propio beneficio, también garanticen la participación de las minorías. Una mayoría es tal respecto de una minoría o varias minorías. Tal es así, que muchos importantes logros democráticos de los últimos tiempos, reconocen derechos a las minorías por voluntad de las mayorías: el matrimonio igualitario y el derecho a la identidad de género, son un claro ejemplo.

          Pero cuando alguna minoría no acepta acompañar la voluntad de la mayoría, su egoísmo termina por exacerbar la órbita del sentido común, y se transforma en un egoísmo destructor. La violencia se abre paso y entonces se dicen cosas como las siguientes: “Néstor volvé, te olvidate de Cristina”, “lo que estamos acá somos golpistas de la democracia”, “no vivimos en un país libre, desgraciadamente”, “quiero un país democrático, no quiero dictaduras de ninguna naturaleza”, “¡que se vayan!”, “para mí es un gobierno narco-terrorista, señor. Para que le quede bien en claro”, “Esto es una dictadura, no es un gobierno democrático”, “Andá con Néstor la puta que te parió”, “es para vos Cristina puta, la puta que te parió”, “No estamos pidiendo destituir a nadie, estamos pidiendo que esa señora se vaya”, “Kretina conchuda hija de puta, tomate el helicóptero”…  (13S); “Kris andate, ¡go!”, “Cristina enemiga pública nº1”, “Basta de diktadura”, “Argentina sin Reina Cristina, basta”, “Enough is enough, Ms. Cristina”, “No queremos Venezuela”, “Fuck you!”, “Mano dura a delincuentes”, “Basta de abusos y atropellos a la clase media”, “Vamos a colgarlos del pescuezo”, “no al nuevo Código Civil que promueve el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, la drogadicción, el ateísmo y el divorcio”, “¡Basta Cretina!”, “Cristina hoy me acordé de vos!!, pisé mierda”, “Basta de luto por un ladrón”, “Kristina: ya tenés tu Versalles, solo falta la guillotina”, “Muerte a los K y a Moreno”, “El abuso de poder te lo haremos comer. Yegua. Loca. Estas muerta. Te vas a ir con Néstor” (8N)…
         
          Parecen no ser más que bravuconadas, si podemos dar por seguro que, en el estado actual de la democracia argentina, resulta poco probable que los deseos de destituir o asesinar a un gobernante prosperen. Sin embargo, sí hubo una consigna en las marchas del 13/9 y del 8/11, que resultan ser la raíz del reclamo de las clases pudientes argentinas y que ponen en riesgo la estabilidad democrática y los derechos esenciales conquistados: “Protesto porque está lleno de gente que te tiene envidia”, dice un joven de treinta años. “Estoy podrido que mantengan la gente pagando planes y asignaciones universal por hijo”, grita otro. “Si la plata no te alcanza para llegar a fin de mes, fijate, capaz que podés cobrar la asignación universal por hijo de puta”, recomienda un cartel que una señora eleva con sus manos. “Basta de planes, ofrezcan trabajo”, gritan quienes tienen trabajo y afirman que “Somos la mitad del país que mantiene a la otra mitad”. Otros se esfuerzan en hacer notar que las mayorías que apoyan al gobierno es ignorante e irrespetuosa: “Sra. Presidenta K, somos de la clase bien educada, pedimos seguridad, respeto” (el subrayado es parte de la consigna), “¡Yo me quiero ir todos los años de viaje a Punta del Este y esta negra de mierda no me deja!”, grita un adolescente como si su papá le hubiera prohibido ir al matiné con los amigos, al tiempo que una señora muy paqueta desautoriza a las mayorías de un grito: “Mi mucama recibió un lote a cambio del voto, así que no me digan del 54%”. “Estoy en contra de la Asignación Universal por Hijo porque es para que la gente que no tiene ni un centavo procreé en forma irresponsable”, podría ser Malthus con su Ley pero no, es una mujer que sabe mirar con desprecio al otro. “La odio con toda mi alma porque me saca el salario de mi hijo para bancar a esos vagos de mierda”, gritaba desencajada otra mujer, como si le hubieran matado al hijo…

          Estas expresiones podrían resumirse en una sola consigna, negadora  a su vez de la sentencia smithiana: “si la plata no les alcanza, si son pobres, si tienen muchos hijos, no esperen tampoco su comida de la consideración de nuestro interés”. Es decir: si ya nada podíamos esperar de la benevolencia de la burguesía cacerolera y principal beneficiada por el capitalismo, luego del 8N quedó en claro, entonces, que tampoco podemos esperar nada de su interés.
          El liberalismo clásico proponía un egoísmo constructivo y conveniente en tanto sentido común. El neoliberalismo, en cambio, es voraz, nada comparte, todo acumula en pocas manos. Espera todo de los demás y a cambio nada da.

          Entonces, los manifestantes, ¿conforman una minoría que no soporta que a la mayoría le vaya bien o son una minoría que, al reconocer el avance social, político y económico de la mayoría, se resiste a perder el lugar de privilegio que creían tener garantizado por su condición y posición?

          Tal vez haya de las dos cosas y más pero, para ser más precisos, el 13S y el 8N puso en escena a una minoría que parece no haber practicado nunca la libertad ni la democracia, que demuestra no ser generosa con sus pares o bien, como dice Perón, que sale a pedir “Libertad” y “Democracia” para que la practiquen otros y poder mantener lo que hoy, con mucha razón, ven  amenazado: las condiciones para hacer más provechoso su egoísmo.

          Nelson Pascutto

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