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miércoles, 27 de julio de 2016

FULBITO PARA LA TRIBUNA: La marchita de Guardiola, por Enrique Buracco



La marchita de Guardiola



No jodan con Caruso
con Bauza, Sava o Bielsa
la situación es tensa.
el pueblo despertó:
La hinchada se agiganta
la voz es una sola
contraten a Guardiola
para la selección

El toque, la gambeta
el fulbo que enamora
contraten a Guardiola
para la selección
Y si no quedó claro
no rompan mas las bolas
contraten a Guardiola
para la selección.
Contraten a Guardiolaaaaaa

para la selección.

Letra y música Enrique Buracco

lunes, 9 de noviembre de 2015

FULBITO PARA LA TRIBUNA: eL FúTBoL Ha MueRTo: BoCa JuNioRS CaMPeóN De La CoPa aRGeNTiNa, por Nelson Pascutto

El fútbol dejó de ser un deporte. Poco y nada queda de esa “dinámica de lo impensado” tal como definió este juego Dante Panzeri. Ahora está todo pensado, digitado, afectado por y para el negocio del fútbol. Bilardo defendía esa idea de que el partido se juega también afuera de la cancha. Bueno, ahora en la cancha se pone en juego y juega todo lo que antes estaba afuera. Hubo una invasión de campo planificada y orquestada para asesinar al fútbol, y quedarse con el botín de los jugadores y del negocio multimillonario que manejan unos pocos gambeteadores del show.
Se jugó una nueva final de la Copa Argentina y el árbitro Diego Ceballos y al juez asistente Marcelo Aumente decidieron que Boca Juniors sea el campeón y no Rosario Central. Porque anularon mal un gol de Rosario y cobrando un penal inexistente a favor de Boca. Se dijo de todo, la AFA suspendió a los árbitros, los árbitros alegaron su inocencia, la jauría periodistas deportivos llenaron horas multimedias para decir nada y justificar todo, etc., etc., etc. Pero el torneo lo ganó Boca Juniors injustamente y en base a un vicio insalvable que torna el resultado nulo de nulidad absoluta. Y esto es algo que ni los hinchas de Boca discuten. Es más, Carlos Tevez dijo después del partido: "pensé en jugar la final otra vez, a mí tampoco me hubiese gustado perder así"

lunes, 4 de mayo de 2015

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "Wanderers y la primera copa internacional de Racing", por Nelson Pascutto

Foto www.elprimergrande.com

El próximo jueves 7 de mayo no será la primera vez que Montevideo Wanderers Fútbol Club (Uru) y Racing Club de Avellaneda (Arg) tendrán que jugar por una copa internacional. Hace 107 años, el 18 de octubre de 1908, en la antigua cancha de Racing dos mil personas presenciaron el enfrentamiento en el que ambos clubes se disputaron el trofeo donado por el diario La Verdad de Avellaneda.
La futura Academia formó con Lamour; Mignaburu, Seminario, Viazzi, J. Ohaco, Firpo, Frers, A. Ohaco, Alvear, Winne y Vigil.
Fue un partido bastante disputado porque a los 4 minutos del primer tiempo Wanderers se puso en ventaja con un gol de Cavalloti y rápidamente Frers lo empató. Con el correr de los minutos el equipo oriental se impuso nuevamente con un gol de Ros y se fue al vestuario con un 2 – 1. En el segundo tiempo Frers volvió a empatar el partido y terminó 2 – 2.
Foto www.elprimergrande.com
Para definir al ganador, los capitanes acordaron jugar dos tiempos de 15 minutos. En el primer tiempo del alargue se mantuvo el empate y en el segundo tiempo todo parecía terminar igual. Hasta que, faltando 2 minutos, llegó un córner para Racing que Vigil metió en el área para que Viazzi la mandara adentro.

Así fue como Racing ganó su primera copa internacional venciendo a su rival del próximo jueves. Esperemos que en el estadio Gran Parque Central de Montevideo se repita la historia.

Nelson Pascutto

martes, 30 de septiembre de 2014

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "ELECCIONES EN RACING EN PLENO EJERCICIO DE INMADUREZ DEMOCRÁTICA", por Sergio Carciofi

Este año los socios de Racing Club de Avellaneda tendrán la posibilidad de participar en elecciones, para renovar las autoridades que dirigirán la entidad por un nuevo período.
Tal noticia no sería una novedad, si la vida institucional de Racing transitara por un derrotero de normalidad y seriedad. Bastaría con ejemplificar que las autoridades salientes debieron reacomodarse en su gestión por la renuncia del presidente y el vicepresidente, después de un bochornoso tire y afloje inexplicable y sin el más mínimo sentido de la responsabilidad.
Lo cierto es que el desbarajuste crónico de la institucionalidad del club se ve reflejado en

domingo, 7 de septiembre de 2014

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "RACING VOLVIÓ A PERDER CONTRA EL ARBITRAJE", por Sergio Carciofi

Andrés Merlos, ¿árbitro o parte?
El fútbol argentino hace mucho tiempo ya que padece de sus arbitrajes. El árbitro de fútbol se erigió como un protagonista de los resultados, de los escándalos, de las provocaciones al público, de la farandulización en los medios de comunicación que construyen programas con sus polémicas. Hasta sustituir al juego mismo. Es inútil que un club haga el esfuerzo de contratar jugadores, técnicos y que el plantel entrene y diseñe un estilo de juego en la semana para desplegarlo normalmente, sin que tenga en cuenta la acción y omisión decidida del arbiraje. Que los jugadores se tiren y simulen faltas no es culpa de los jugadores y técnicos, es responsabilidad de la incapacidad, desidia y mala intención de los árbitros de fútbol. Ejemplos hay en todas las canchas todas las semanas, pero como soy hincha de Racing estoy especialmente atento a las injusticias sistemáticas, casi premeditadas que propinan los árbitros del fútbol argentino todas semanas y desde hace años a nuestra querida Academia.

Hoy Racing perdió 3 a 1 en el Coliseo de Cemento contra Lanús, contra sus propias ideas y deficiencias y, particularmente, contra los innumerables errores del pésimo árbitro Andrés Merlos. Cuatro penales no le cobró a Racing:

miércoles, 6 de febrero de 2013

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "RACING: ¿No era que los pibes no se venden?", por Sergio Carciofi



Molina, vice-presidente de Racing, Viola y Centurión
Iniciamos el año y comienza el Torneo Final (?). Y en Racing se renuevan las expectativas, las esperanzas. Nada más. Sin embargo, como siempre, y siempre que se inicia un nuevo torneo, a nosotros, los hinchas académicos, nos comienza a recorrer, frenéticamente a correr esas ganas…, esa intuición, necesidad, casi certeza de que esta vez sí, ¡este es el año, Academia! Ahora se nos va a dar, vamos a dar la vuelta. Tenemos con qué, parece que tenemos con qué. No, no analizamos mucho. Tratamos de no analizar. Confiamos. Esta es la palabra:

martes, 9 de octubre de 2012

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "110 ANIVERSARIO DEL PRIMER GRANDE: Honor y Gloria"


El escudo que eligieron los hinchas para el aniversario
          Se viene el 110 aniversario del primer grande, Racing Club de Avellaneda. Y, de aquí en más, ¿alguien tiene algo que decir? intentará recordar algunas de las tantas peculiaridades, hazañas e historias del club que le dio todo, y antes que nadie, a la Argentina fulbolera.
         
          En el fútbol de hoy la viveza ventajera es aplaudida y valorada. Hacer un gol con la mano, tirarse para simular un penal o hacer expulsar a un contrario sin causa, es lo que se espera de un “buen jugador”. Sin embargo, la ausencia del honor, honestidad y caballerosidad en el juego es algo que se extraña y añora.
          Un ejemplo de esto último es el técnico de hockey femenino Sergio “Cachito” Vigil. Todos recuerdan cuando pidió convalidar un gol en contra de su equipo, Las Leonas. El equipo Alemán había convertido pero el arbitro no había visto el gol porque la pelota entró y salió por un agujero de la red; y, como consecuencia, ganaron las alemanas.
          Cachito ahora es un bicho raro del deporte, pero también un ejemplo a seguir. Todo el mundo lo respeta y lo referencia como modelo de deportista que defiende el verdadero sentido del juego.
          Pero la Academia se formó, y formó a los demás, en estos valores desde los inicios, por medio del ejemplo de sus líderes y futbolistas.
          Allá por la década de 1910, Alberto Ohaco era el capitán del Racing que ganó 7 campeonatos. Tal vez el único jugador completo de la historia del deporte. Jugó y sobresalió en todos los puestos, inclusive de arquero. Eran tiempos en que ser capitán era algo serio y significaba una gran responsabilidad.
          Cuentan que una vez un compañero reclamó un fallo del juez. Ohaco lo reprendió en el vestuario con estas palabras: “Amigo, usted tiene la suerte de vestir una casaca gloriosa y debe cuidar muchísimo esta gloria. Lo que usted ha hecho nos humilla a todos y desprestigia a Racing. De manera que le sugiero que recuerde amiguito que el referí no se equivoca nunca”.   
          En otra ocasión, jugando contra Estudiantil Porteño, Ohaco hizo un gol con la mano. Todos gritaban el gol mientras el árbitro lo validaba señalando el centro del campo de juego. Pero el capitán académico corrió hasta el juez, le dijo que había sido con la mano, que no valía, y se disculpó.
          Tal actitud de respeto y amor al deporte se cree que no existió nunca. Todos se asombran al ver lo que hizo Vigil y es común oír decir que tipos así no existen y no existieron nunca. No es así. Hubo deportistas como Ohaco que ayudaron, con su personalidad, honradez y genio, a darle al país al primer grande del fútbol gracias a su ejemplo.
          Es cierto, Racing es la Academia porque fue el primer fútbol criollo, el primer grande; pero también porque se hizo y forjó con honor y caballerosidad.
          Así recordamos a Alberto Ohaco, orgullo y gloria de todo el fútbol argentino. Porque Racing es el fútbol argentino.
         
          SC

miércoles, 3 de octubre de 2012

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "Maravilla y la decadencia del exitismo", por Sergio Carciofi



Para quienes seguían las peleas de Sergio “Maravilla” Martinez, no fue sorpresa la contundente victoria contra Julio César Chávez Jr.
          En 2010 le ganó a Kelly Pavlik por decisión unánime y obtuvo los campeonatos mundiales medios del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y en noviembre derrotó a Paul Williams con un espectacular nocaut  en el segundo round.
          Al año siguiente, tiró a la lona cinco veces al invicto y duro ucraniano Sergiy Dzinziruk y, en octubre, le fracturó la nariz al boxeador inglés Darren Barrer en el décimo primer round, quien debió ser ayudado a levantarse por su equipo, para llevarlo directamente al hospital.
          En marzo de este año, el quilmeño mandó a la lona dos veces a Matthew Macklin. De nada le sirvió al irlandés que lo salve la campana, porque su entrenador tiró la toalla y evitó que salga al duodécimo round.
          Sin embargo, cuatro notables defensas de los títulos no impidieron que el CMB le quitara en los escritorios el título de campeón de peso medio para dárselo a Chávez Jr., a cambio de un cinturón de diamante y promesas de peleas con los grandes. Situación que daba un condimento más al combate más esperado por él y sus seguidores, fascinados por su técnica y estilo.
          De aquí en adelante, es historia conocida. Los medios “exististas” de la Argentina se encargaron de resaltar la historia personal de este hombre de 37 años que, expulsado del país por la crisis del 2001, no descansó hasta lograr, gracias a su esfuerzo y mérito, la oportunidad para convertirse en uno de los tres mejores boxeadores de la actualidad.
          En una entrevista previa a la pelea con Chávez, Maravilla le contaba a Alejandro Fantino su origen humilde: “Conocí lo que era una verdadera cena a los catorce años… venimos de una familia pobre, trabajaba mi padre como ocho mil horas para mantener tres hijos con su mujer. Cenaba mi padre en casa y los hijos mate cocido con leche y cuando había dinero pues con pan …, o sin pan y a veces pan de ayer de anteayer… eso no lo viví yo lo vive tres cuarta parte de Argentina. Soy conciente de eso. A los 14 años comencé a trabajar. Cuando llegué de trabajar me duché, vine a la mesa, me senté y apareció un plato de comida y digo: se cena a la noche, no?”
          Contó además las razones de su autoexilio en España durante la crisis: “Argentina no me va a llevar a ningún lado, por lo menos con las intenciones y las pretensiones que yo tengo”, y sus penurias como inmigrante: “yo me voy a encargar de que te vayas a tu puto país”, lo amenazaba la policía española cuando lo demoraban por no tener documentos.
          Pero ahora es diferente, el país que lo expulsó hoy lo adora e idolatra. Todos quieren sacarse una foto y entrevistarlo. La revistas sensacionalistas lo ponen en tapa: Caras ofrece una entrevista que Martinez no dio, Gente lo tacha de “el más sexy”, Paparazzi revela a su novia bajo el título “El campeón del amor” y la revista Semanario sacude: “Otro campeón para Susana”.
          Ni lerda ni perezosa, Susana Giménez, aprovecha la oportunidad y se cuelga de los guantes de Maravilla. Se sienta en primera fila del ring, deja correr rumores de un romance como si aún fuera esa mujer deseada de antaño y hasta hace declaraciones en TN, el más oportunista de los medios televisivos: “Fue increíble lo de Maravilla, la verdad fue impresionante, lástima que en el último round le rompieron la cabeza (…) No lo pude saludar ni conocer porque de ahí se fue al hospital y esa noche me fui a dormir porque estaba agotada, saludé a todos los argentinos que estaban presentes”
          “La decadencia espiritual del planeta ha avanzado tanto que los pueblos están en peligro de perder sus últimas fuerzas intelectuales (…)”, dijo Martin Heidegger en un curso dictado en la Universidad de Friburgo en el verano de 1935, y agrega: “las únicas que les permitirían ver y apreciar tan sólo como tal esa decadencia”.
          Acaso esta reflexión del filósofo alemán pueda explicar las razones por las cuales nuestra sociedad permite dar rienda suelta al exitismo y a la hipocresía más chabacana, y lo arroje encima de un hombre que, ya casi al final de su carrera deportiva, logra un objetivo que esta misma sociedad, con el mismo existismo hipócrita, le negó.
          Sostiene Heidegger que esa decadencia viene acompañada de una conquista técnica que tiende a explotar económicamente hasta el último rincón del planeta. Una decadencia que “pueda asistir simultáneamente a un atentado contra un rey de Francia y a un concierto sinfónico en Tokio”; en la que “el tiempo ya sólo equivalga a velocidad, instantaneidad y simultaneidad y el tiempo en tanto historia haya desaparecido de cualquier ex-sistencia de todos los pueblos (…)”. Una decadencia donde “al boxeador se le tenga por el gran hombre de un pueblo”.
          Martinez fue doblemente víctima de una sociedad que jamás le reconoció su esfuerzo, ni antes cuando lo debía apoyar, ni ahora cuando lo debe respetar.
          Pero este boxeador deslumbrante nunca dejó de tener los pies en la tierra; además es inteligente, razona, refexiona: “La vida está para pelearla. No son dos días de vida, es mucho más, es mucho más. La vida no es corta, el problema es que nos pasamos todo el tiempo haciendo nada (…) Yo miré Las Vegas y un poquito más arriba, desde Claypole”. Y humildemente aconseja: “Mirá lo más alto, para llegar bien alto, para llegar más alto todavía. No mires donde lo que querés conseguir,  mirá un poco más todavía  porque se pueden conseguir las cosas. La vida no son dos días y nadie dijo que es fácil. Nadie dijo que la vida es liviana, que es fácil. No. Pero estamos ahí para pelearla. Nadie muere en vísperas. Lucha hasta la muerte, hasta el final. Es todo lo que puedo decir.”
          Maravilla le dio un golpe de nocaut a la decadencia y no se merece, tampoco nuestro pueblo, que se le tenga por un gran hombre. Porque, y el lo sabe y dice mejor que nadie: “el boxeo es efímero como la fama. La vida es otra cosa.”

          Sergio Carciofi

miércoles, 7 de septiembre de 2011

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "Maradona, un dios amoral"

… un “dios” si se quiere, pero ciertamente solo un dios artista completamente amoral y falto de escrúpulos que, en el construir y en el destruir, en el bien y en el mal, quiere llegar a descubrir su placer y soberanía, un dios que, creando mundos, se desprende de la necesidad de la plenitud y la sobreplenitud, del padecer de la antítesis que en él se amontonan
Friedrich Nietzsche
“El Nacimiento de la Tragedia”
Pág.49 Ed. EDAF, 16 ed., Oct. 2003

Siempre hemos hablado de Maradona. ¿Te pusiste a pensar cuántas veces  en tu vida pronunciaste el apellido Maradona? (además de gritarlo en una cancha o mirando un partido), ¿y para qué lo hiciste?, ¿para elogiarlo?, ¿para criticarlo?, ¿para contar lo que hizo?, ¿para contar lo que no hizo?, ¿para opinar sobre lo que debería o no debería hacer?, ¿para opinar sobre lo que hace?... Seguramente por esto y por muchas cosas más; pero básicamente todos lo hacemos porque conocemos y vivimos cada paso de su vida. Sabemos que fue muy pobre y que fue muy rico, que se quedó sin dinero y que volvió a tenerlo, que jugaba a la pelota en una villa de emergencia y que jugó al fútbol en casi todos los estadios mundialistas del planeta, que se casó con su primera novia pero jamás dejó de tener novias, que él tuvo a sus hijas y otras tuvieron a sus hijos, que tiene como amigo a Carlos Menem y también a Fidel Castro, que a los dos los apoyó políticamente, que como jugador de Boca dijo que Macri es un cartonero por no pagar lo que corresponde y que después (trabajando para Macri) dijo a los jugadores de Boca que si no hay títulos no hay plata, que salió campeón del mundo con la selección dirigida por Bilardo, pero que su ídolo como técnico es el Flaco Menotti, que se drogó y que dejó la droga, que dejó el fútbol y que volvió a jugarlo, que estuvo muerto y que volvió a la vida; y que con su picardía y trampa le hizo a los ingleses el gol más gritado por los argentinos y que seguidamente con su habilidad y talento le hizo otra vez a los ingleses el gol más hermoso y admirado de la historia del fútbol.
Lo bueno y lo malo, pobreza y riqueza, destrucción y construcción, honestidad y trampa, talento y desquicio,… ¿significa algo para este dios? ¡Rotundamente no!. Nada puede significar para el arte. Porque un dios no puede ser otra cosa que un artista, y un artista no necesita de la moral para llevar adelante su obra. Porque un artista, es decir un dios, es todo lo posible que puede ser, es decir la vida misma. Y este dios, todo creación y talento, todo miseria y desquicio, trae todo consigo y nada de todo lo suyo existe antes de él, vino a desparramarlo, vino a arrojarlo, vino a vivirlo. ¿Qué otra cosa era Maradona corriendo y jugando por los estadios del Mundial de México, que no sea la vida en su más auténtica y máxima expresión?, ¿qué moral debe tener un hombre que al tomar con sus pies, o con su mano, una pelota puede hacer con ella lo que jamás un mortal puede hacer? ¡¿Qué valores tiene el talento?!
El Diego dice “me equivoqué y estoy pagando, pero de ninguna manera, les guste o no… voy a cambiar. Que me perdonen si se sienten mal. Voy a pensar de la misma manera hasta el día que me muera. Nadie me va a hacer cambiar: ni las mujeres, ni los hombres, ni los periodistas, ni la ley, ni nada[1]; es decir dios dice: soy todo lo posible y vivir significa todas mis maneras y formas de vivir. La vida, en tanto vida, me exige que nada la haga cambiar. Mi desmesura y mis contradicciones representan mi máxima exaltación de lo que soy y mis momentos de dolor son tan necesarios, vitales y verdaderos como mis momentos de gozo. Esta es la esencia de mi naturaleza y lo que represento es todo lo que soy y, a la vez, todo lo que no puedo dejar de ser.
Sin embargo, todo lo bueno y malo de su simbología, su pobreza y riqueza, su destrucción y construcción, su honestidad y trampa, su talento y desquicio; ¿significa algo para nosotros? ¡Rotundamente sí! Mucho significa para una sociedad construida sobre bases morales la expresión máxima de un arte que desnuda nuestra propia  hipocresía. El Diego hizo el primer gol a los ingleses con la mano y nos encantó, pero no podemos aceptarlo porque tenemos que anteponerle ese velo de lo que corresponde, que no es otra cosa que la distancia que necesitamos darle a nuestra relación con este dios. Y esa distancia nos reemplaza a este dios (tan real, tan auténtico, tanta vida) por la imagen ilusoria e ingenua de lo que creemos que debemos ser nosotros, los argentinos. El Diego dijo: "Resulta que todo el mundo sabía que fue con la mano y ahora se hacen los ofendidos..."[2]. La verdad es que su obra de arte es tan genial que nadie puede dejar de admirarla, pero al mismo tiempo es tan real, auténtica y vital que nos anula y aniquila nuestra ilusión de llegar a ser lo que deberíamos ser, y, claro nos ofende.
Pero lo más interesante de todo esto es que nuestra obediencia a las costumbres, es decir nuestra tradición, nos coloca una y otra vez, por un lado, ante la fascinación que nos produce la vida en tanto arte, es decir como exaltación máxima de todas las posibilidades de expresión simbólica del hombre; y, por otro lado, ante la ofensa de saber que la provocadora brisa dionisíaca nos sacude permanente y lentamente el velo de la apariencia, para dejarnos espiar, y ver así el engaño que representa nuestro tránsito mínimo por una existencia llena de ingenuas ilusiones. Y mientras transcurrimos reiteradamente por estos costados, hoy dios nos regala su show. “El show del 10”, el que más nos gusta, y lo hace sobre nuestro escenario, el que menos nos compromete y tranquiliza. Porque dios sabe que cuando termine su show caerá el telón para así poder seguir viviendo. Y nosotros, al mismo tiempo, veremos caer el velo de nuestra apariencia para poder seguir diciendo cosas como esta: “Maradona es un símbolo de la Argentina y, es cierto, todos festejamos su gol que hizo con la mano, pero no es necesario reivindicar algo que es incorrecto. Porque reinvindicarlo nos ofende como argentinos, porque la piolada, el curro, la trampa, la burla, la mundialmente célebre picardía criolla no nos hace nada bien como sociedad.
En resumen, Maradona seguirá haciendo todo lo bueno y todo lo malo, seguirá pobre y luego obtendrá riquezas, se destruirá y se volverá a construir, practicará la honestidad y también la trampa, seguirá siendo talentoso y también desquiciado, es decir, seguirá viviendo. ¿Y nosotros? No nada de eso, ni lo uno ni lo otro, solo seguiremos hablando… de él, como siempre lo hacemos.

Sergio F.Carciofi 
 Septiembre de 2005


[1] Clarín 31/8/2005 “Diego no se guardó nada” Nota sobre el reportaje del día anterior de Santo Biasatti en su programa “Otro tema” del canal Todo Noticias.
[2] Clarín 30/8/2005 "De ninguna manera fue una burla", dijo Maradona sobre la mano de Dios.

lunes, 29 de agosto de 2011

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "El mundial de Alemania 2006 y la importancia de sabernos perdedores", por Sergio Carciofi


Oí decir que es bueno cumplir con el tiempo y me quede pensando lo siguiente: Si el tiempo pasa inexorablemente, cumplir con él es inevitable. Y si es bueno cumplir con el tiempo, es bueno lo inevitable. Por lo tanto, podríamos concluir que todo aquello que podemos evitar y modificar es malo. Si esto es así, nuestra misión en el mundo es permanecer sin hacer nada, esperando cumplir con lo inevitable. Por ejemplo: El trabajo, es decir la modificación de la materia, es algo malo porque es evitable.
Si seguimos con el razonamiento, también podríamos decir que nosotros existimos inevitablemente y que nuestros años pasan inevitablemente y que pereceremos inevitablemente. Es decir, es bueno nacer, es bueno que pasen los años, es bueno morir. Además, después de esta conclusión, advertí que a cada uno de esos acontecimientos, inexorables, le corresponde una celebración. Me pregunto, entonces, ¿por qué? y la respuesta sobreviene obvia: porque se festeja lo bueno.
Hasta aquí vamos bien, pero, sin embargo, piensen que, por ejemplo, el haber perdido por penales con los alemanes en el Mundial 2006 no fue digno de celebración, simplemente porque es malo para nosotros perder por penales con los alemanes en un mundial, ¡y fue inevitable! Tal es así que el arquero alemán tenía un pepelito que le decía cómo iban a patear los jugadores argentinos para así decidir qué palo del arco elegir. Es decir, ellos, los alemanes, conocían de antemano su destino inevitable. Eso quiere decir que nosotros, los argentinos, tenemos un destino, inevitablemente, perdedor... Y esto ya no me gusta nada, porque pienso que era evitable perder con los alemanes y si evitábamos perder con los alemanes, hubiésemos ganado y celebrado. ¿Celebrar lo malo, es decir lo evitable?... Quizás, como decía el compañero Borges, ese sea nuestro “destino sudamericano”: Sabernos perdedores en lo inevitable y bárbaros en lo evitable. Cosa que, en definitiva, nos indica que lo importante para nosotros (los “sudacas”) es evitar lo inevitable. Es un trabajo duro y malo, pero nos hará ganadores.

SFCarciofi 2007

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "El mundial de Sudáfrica 2010 y el coeficiente de adversidad alemán", por Sergio Carciofi


A nosotros, los argentinos, no nos gusta perder en el mundial. No nos gusta perder ni bien ni mal. No nos gusta perder de ninguna manera. Y, además, no nos cae nada bien los argumentos que recuerdan nuestra impotencia y que pretenden condenarnos a la imposibilidad de cambiar esta situación de perdedores. No les creemos a los compatriotas que dicen: “no cambiamos más”, “siempre fuimos igual”, “cuando ganamos, ganamos de suerte”… Más bien creemos que, de manera negativa, están expresando su voluntad de superar el coeficiente de adversidad de las cosas. Porque hay que decirlo: El coeficiente de adversidad de las cosas, en este caso “alemán”, no le viene a los alemanes por su fútbol, sino que le viene a los alemanes por el fútbol de los argentinos.
          Al igual que Jean-Paul Sartre, que veía a la Argentina como obstáculo para los expatriados políticos franceses que se les aparecía muy lejanas estas pampas como tierra de exilio, porque sólo concebían como proyecto final y absoluto a su tierra francesa; opinamos que, para la selección argentina, el fútbol alemán se presenta como un obstáculo, un peñasco a escalar y superar, porque es nuestro deseo, nuestro fin, ganar la copa del mundo. Dicho de otro modo, para exiliados franceses la lejanía de la Argentina era un obstáculo respecto de su deseo de vivir en Francia; para nosotros, los argentinos, la selección alemana es un obstáculo para nuestro deseo de ganar la copa del mundo.
          Pero el carácter de obstáculo de la Argentina, para los exiliados franceses, o de la selección alemana de fútbol para los hinchas argentinos, no se presenta por los 11.027 kilómetros que separa París de Buenos Aires o por el fútbol desplegado por los alemanes cuando juegan con los argentinos; sino por el contrario, son los exiliados franceses y los argentinos los que crean estos obstáculos que padecemos.
          Por lo tanto, si nuestro fútbol crea al fútbol alemán como obstáculo, está en nuestras manos superar tal situación, esto es ganarles a los alemanes y cumplir así nuestro deseo de coronarnos por tercera vez campeones del mundo, porque somos libres de anhelar la “modificación proyectada de nuestra situación” (Sartre 1943) No obstante, desear no significa que obtendremos lo que queremos: la copa. No, de ninguna manera. El éxito nada tiene que ver con la libertad de elegir ganar la copa, ni con el carácter de obstáculo que le damos a la selección alemana. Sin embargo, que el éxito aquí no juegue, no quiere decir que no sea posible ganar la copa. De hecho ganar la copa requiere clasificar en las eliminatorias, ganar la serie, e ir escalando desde los octavos de final hacia la final. Es decir, el deseo de ganar la copa es posible en tanto es un comienzo de realización, en tanto jugamos para ganar. Y esto, definitivamente nos distingue de las demás selecciones de fútbol que juegan solamente para llegar lo más lejos posible en la competencia. ¡Los argentinos jugamos para ganar, porque elegimos ganar! Y elegimos ganar porque somos libres de elegir lo que queremos. Sostener esta elección es la clave para superar el escollo que representa para nosotros la selección alemana. Los alemanes tienen que saber que cada vez que jueguen con nosotros, jugarán con un equipo que eligió ganarles. Maradona lo tenía y lo tiene muy claro, decía: “sólo sirve ser campeones”. Nuestro coeficiente de adversidad, que representa el obstáculo alemán en tanto es selección de fútbol que participa en el mundial, no es en sí constituyente de nuestro deseo de se campeones del mundo, es obstáculo porque se nos revela como tal en el camino que hemos elegido, que es el camino que debemos recorrer para ganar la copa del mundo de fútbol.
          Tal situación que nos constriñe es motivación siempre y cuando sigamos eligiendo ganar la copa con un fútbol mejor, superior, que borre el límite alemán que nos hemos fijado. Es por eso que a los argentinos no nos gusta perder en el mundial, porque hemos elegido ganar; y nadie mejor que el Diego simboliza la luz del deseo de alzar la copa, que ilumina a la selección alemana como a la selección a vencer. No sabemos si en Brasil 2014 podremos ganarles a los alemanes, pero sí sabemos que de la mano de Diego –entrenador o no– seremos mejores como en el 86´, y  saldremos a la cancha, una vez más, a ganar la copa.

SFCarciofi 2010

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "Pancho Varallo"


Les voy a contar el día que lo conocí a Pancho “Cañoncito” Varallo. Como sabrán, vivió hasta ayer en la ciudad de La Plata. En el año dos mil uno o dos, cerca del comienzo del mundial Corea - Japón, estábamos con mi primo Cacho y mi amigo Mauro en la plaza Brandsen, ubicada entre las calles 25 y 60, también llamada Plaza Perón. No recuerdo por qué habíamos ido. Hasta el año dos mil yo residía entre las calles 28 y 60 y, para ese entonces, ya me había mudado. Habríamos ido a tomar cerveza, seguramente. Pero sí recuerdo que en esa plaza paraban personajes tales como el Bicho y la Bicha, el Caqui y Martin, de quienes algún día les prometo contar alguna que otra historia, pues vale la pena. A Martin se lo veía muy bien. Es buena madera a pesar de la hermana, que le faltaban todos los dientes de arriba y del padre de quién no tenemos buenos recuerdos… A todos ellos los podrán ver todavía sentados en el mismo banco de la misma plaza. Volvamos a Pancho. Serían las cinco de la tarde cuando un viejo de unos noventa años se acerca para saludar a Mauro. Se conocían, o mejor dicho, el viejo conocía a su abuelo. Luego del saludo, Mauro nos mira y nos dice: “Este es Pancho Varallo, el máximo goleador de Boca”. Resulta que Pancho tenía una agencia de lotería frente a la plaza y se cruzaba de vez en cuando. No media más de un metro sesenta y cinco. Posiblemente se había encogido por los años, sin embargo se lo notaba vital y armonioso. Le preguntamos si iba a ir al mundial y nos dijo que el quería pero la hija y los nietos no. Era demasiado lejos y creían que no le iba a hacer bien. Finalmente supongo que no terminó yendo nada. Contó que jugando para Boca llegó a ser el máximo goleador porque, entre otras cosas, Cherro lo único que tenía que hacer era picar por la línea y tirar el centro al medio del área para que él (yo, dijo en ese momento), de cabeza la mandara adentro de la red. Dijo que de esa manera se cansó de hacer goles. Después, nos contó de un problema con una lesión que le hizo dejar el fútbol antes de los treinta años. La conversación se extendió hasta que Cacho, como quien no quiere la cosa, le pregunta: “Pancho, ¿por qué perdimos el mundial del treinta contra Uruguay? En ese momento pudimos ver como el cerebro del ese viejo se trasladaba, con la fuerza de un trompada, setenta años atrás. Con los ojos húmedos, con mucha bronca y diciendo no con la cabeza, nos confesó: “Porque fuimos unos cagones, porque había jugadores que no podían jugar ese partido y porque los uruguayos tenían garra. Aquel fue un partido muy duro que nos ganaron con prepotencia. Lo peor, es que algunos compañeros aflojaron asustados por el ambiente.” Mastica su bronca el hombre y recalca levantando la vista: “esa final no la podíamos ganar de ninguna manera. Y eso que el juego se presentó fácil en el primer tiempo cuando ganábamos dos a uno con uno menos. Entonces, no se podían hacer cambios”, recuerda y continúa diciendo: “Ni bien terminó el primer tiempo vino un defensor uruguayo de apellido Hernández —o algo así, dijo— me pego una patada porque sabía que estaba medio lesionado de la rodilla” Comento también algunas de las características de los jugadores que no tenían que haber jugado, y dijo que ese partido lo perdimos cuatro a dos.
          Antes de irse admitió que aquella derrota le dejó un gran dolor, al punto tal que hoy disfruta cada partido que pierde Uruguay. No obstante reflexiona y va por los momentos buenos de aquellos días: “Igual estoy reconfortado porque conocí a Carlos Gardel, que iba a la concentración, cantaba y apostaba con nosotros algún numerito.” Y se fue, sólo, caminando despacio hacia su agencia de lotería.

Martín Carciofi

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "El Bar de Joaco"

La Guardia Imperial en la canchita de Vélez,
el día que Racing salió campeón (27/12/2001)

Racing Club de Avellaneda al tope de las posiciones y a un partido de volver a ser campeón después de treinta y cinco años, era el tema en esos días en El Bar de Joaco, más que el corralito, los saqueos y piquetes.
            —¡Cómo andan muchachos! —saludó Mariano—, tengo la entrada. Conseguí la de ochenta mangos en la platea, para la popu no había más. El Flaco no lo va a poder creer… ¿Le avisaron?, ¿viene?
            —Nadie sabe nada —contestó el Gordo Baer desde la barra mientras le echaba soda al Gancia.
            —¿Y Guille?, él estaba encargado de avisarle…—preguntó Mariano y, golpeteando sus palmas sobre la barra pidió una cerveza, maníes y luego agregó:— che, ¿lo habrán boleteado en la plaza…?
            —¡Que la boca se te haga a un lao!  —exclamó Rafa— No podés joder con eso, lo del miércoles y jueves fue un desastre, reventaron a un montón de pibes estos hijos de puta… —seguía diciendo Rafa cuando Guille irrumpió vociferante:— ¡parece que Racing juega el jueves nomás…! ¿Y el Flaco?
            Un silencio dejó oír el ladrido de unos perros y el Negro Rubén aprovechó a responder:— No sabemos nada desde hace quince días, desde antes del partidazo que la Academia le ganó a Lanús —luego el Negro orejeó las  cartas y cantó envido.
            —Lo vi el sábado. Estaba re caliente porque anunciaron que el partido de Racing y Vélez lo pasaban a febrero. Pobre Flaco, no pega una. Hace cinco meses que está sin laburo y trascartón tiene la indemnización en el corralito. El suegro le consiguió trabajo en España y Julita insiste para irse porque con los dos pibes no llegan a fin de mes. ¿Te lo imaginás al flaco en España, sin Racing? Quería venir al bar a despedirse, dijo…
            —¿¡Qué!?, ¿ya tiene decidido pirarse a España? Y, ¿cuándo se va? —entre sorprendido y curioso preguntó Mariano.
            —No sé. No me lo dijo.
            Cuando la charla se disipó y se superponían las voces con opiniones diversas acerca de las novedades de Guille, entró el Flaco que, sin saludar ni mirar a nadie, fue directo al mostrador. El silencio hubiera sido absoluto si no fuera por el chirriar agudo de las bisagras de la puerta de entrada.
            —Joaco, servime una ginebra —dijo el Flaco con sequedad y cabeza gacha hacía el mostrador. Don Joaco posó un vaso chico, de grapa, sobre el largo mueble de madera. El Flaco bebió la ginebra de un trago y, con voz baja pero firme, dijo:— por favor, servime otra más grande, llenalo hasta arriba.
            —¡Para emociones fuertes, bebidas fuertes! —rompió el silencio el Gordo Baer.
            Los demás miraron al Gordo inquisidoramente. Mientras tanto el Flaco se sentó solo en una mesa, fijó su vista en el vaso que tenía ahora adelante, luego se dejó echar hacia el respaldo de la silla y saludó a sus amigos:— ¿cómo va…?
            —Bien Flaquito, me imagino que estarás como loco con Racing… —alcanzó a decir Mariano antes de que el Flaco lo interrumpiera como una explosión.
            —¡Como loco está el país! ¿Se dan cuenta de lo que pasa?... Los mismos hijos de puta de siempre, los que reventaron a Racing; ¿y ustedes quieren hablar de Racing? Vos Guille, ¿querés que te hable de lo que Racing significa para este país? Nunca entendieron lo que es Racing, qué van a entender si ustedes son gallinas, bosteros y amargos…
            —Otra vez la misma milonga… No quiero Negro… —susurró al pasar y contestó el Rafa sin quitar la vista de las cartas.
            … Racing nació para hacer patria, para quitarles el fútbol a los gringos, para rajar a los gringos a pelotazos como lo hicimos con el Alumni de los hermanos Brown, que le metimos tres pepas  —siguió diciendo el Flaco—. ¿Saben por qué son celeste y blancos los colores de la camiseta?, que van a saber ustedes… Porque el pueblo futbolero, que siempre fue racinguista, quiso homenajear el centenario de la Revolución de Mayo. ¡Pero ojo, eh!, la camiseta es celeste y blanca porque la bandera argentina es celeste y blanca. Aunque debería ser azul y blanca. Los cipayos unitarios le pusieron el color de su insignia celeste a la bandera. Y fíjense ustedes que Racing esto lo sabia desde 1904 cuando los socios querían que fuera azul y blanca. Luego se terminó optando por la celeste y rosa, la de los cuatro grandes cuadrados, como burla a los asquerosos y salvajes unitarios: ¡tomen traidores, su celeste es tan chirlo y ridículo como el rosa que Sarmiento le puso a la casa de gobierno para suavizar el rojo federal!  El color de la bandera es azul y blanca como la que luchó contra los gringos en la Vuelta de Obligado, azul como se canta en Aurora: azul un ala, ¡no celeste un ala…! —los amigos escuchaban pasmados sin atreverse a interrumpirlo—. Y en el centenario de la patria —prosiguió— ascendimos a primera y después de la ley Saenz Peña, la del voto universal que hizo posible que el pueblo eligiera por primera vez, ¡ganamos siete campeonatos consecutivos! Si al pueblo le iba bien, a Racing también, ¿entienden? Siempre acompañamos los procesos populares de la Argentina, y prueba de ello es que ganamos campeonatos sin parar hasta que Yrigoyen decidió reprimir las huelgas de los peones de la patagonia en 1920, año en que los pitucos de River nos cortaron la racha… —el Flaco, tan erguido en su silla como el dedo índice de la mano derecha, explotaba en cada aseveración y su cara roja parecía envuelta en una telaraña de venas infladas. Casi sin respirar continuó diciendo—, pero aún así resistimos de la mano de un grande como Ochoíta, “el crack de la afición” como cantaba Gardel, y salimos campeones en el ’21 y el ’25 hasta que la década infame se llevó todo puesto y, entre fraude y fraude, también voltearon la alegría que la Academia le daba al pueblo en cada campeonato que ganaba… ¡¿Porqué me miran así?!, ¡¿creen que estoy loco, que digo boludeces?! —los muchachos sólo atinaron a decir no con la cabeza— ¿Cómo explican entonces el hecho de que Racing volvió a ser campeón en los días más felices que tuvo el pueblo argentino en su historia? ¡Y no sólo campeón, tri-campeón en el ’49, ’50 y ’51, en pleno gobierno de Perón! ¿O creen que el General hizo el estadio para Racing? ¡Se lo hizo al pueblo trabajador, que era peronista y racinguista! —gritó visiblemente emocionado el Flaco, se frotó la cara con sus dos manos y siguió:— … y les voy a decir más: el dolor de la muerte de Evita fue devastador para Racing porque fue devastador para el pueblo, porque Racing es el pueblo. Y que me vienen a hablar de Boca o de los amargos que ni siquiera son de Avellaneda, ¡por favor! Qué coincidencia que Racing vuelve a campeonar en el `58 cuando Perón manda a votar a Frondizi… ¿Les parece casualidad? No, el pueblo por mandato de Perón vota a Frondizi y saca a Racing campeón ese año y en el `61 con jugadores como Corbatta, Manfredini, Pizzuti, Belén, Sosa… ¡Por Díos!, miren si la historia del pueblo argentino no es sino la historia de Racing.
            —Chupate esa mandarina… Rafa, a ver si te bancás esta: ¡truco! —apuró el Negro.
            —Que, además —siguió el Flaco—, es una historia de resistencia que acompaño la lucha peronista durante los dieciocho años de proscripción: el equipo peronista, del pueblo, resistió treinta y nueve partidos sin perder. Ese equipo del Bocha Maschio campeona en el ’66 y en el ’67 gana la Libertadores y le da al pueblo argentino el primer campeonato mundial. ¡Fue como traer a Perón de España! Si hasta Fioravantti gritó: “¡goool argentino!”, cuando el Chango la clavó en un ángulo de media cancha. ¡Es el gol más importante y famoso después del gol de Maradona a los ingleses!... —el Flaco hizo una pausa, pasó las manos en su cara como para secarse el sudor, bebió ginebra y siguió su alegato—, …y si de estadísticas quieren hablar, sepan que hasta 1973 Racing siempre estuvo arriba ante los amargos. Ellos sacan ventajas con el pueblo sometido por la triple A y por el golpe genocida de 1976: del ’73 al ’83 nos ganan diecinueve partidos y nosotros apenas cuatro para luego quitarnos la categoría. Y miren qué notable es que, después de volver a ascender, los amargos en los primeros diez años de democracia no pudieron ganarnos un partido, y hasta hoy sólo lograron empatar en seis los partidos ganados gracias a los cinco que nos ganaron en el menemato privatizador. ¿Ven cómo la suerte de Racing está atada a la suerte del pueblo?: somos el único club de primera que privatizaron, ¿por qué creen que nos privatizaron? Porque el neoliberalismo privatizó los intereses del pueblo…  —los muchachos comenzaron a gesticular y repartir miradas burlonas entre ellos, pero el Flaco, ensimismado, continuó sin advertirlo— ¡No nos sacaron ventaja desde la vuelta de la democracia! Sí, la ventaja que nos llevan es la ventaja de haber tenido al pueblo racinguista perseguido, desaparecido y exiliado… (No olviden que la B para Racing también fue un exilio)… Y ahora que estamos por salir campeón otra vez con el pueblo en la calle luchando por sus derechos, nos expulsan del país, nos tiran la pelota afuera, quieren hacer tiempo postergando la final a febrero…
            —Pero Flaco, la final no se juega en febrero… —interrumpió Guille.
            Con más ira que llanto el Flaco continuó diciendo:— …el pueblo en la calle ante la farsa de Cavallo dijo: ¡basta!, basta de mentiras. El ajuste y la paciencia se acabó, ¡que se vayan todos! Igual que Mostaza, ante la farsa de la AFA que anula injustamente dos goles del Chanchi Estévez ante Banfield, dijo: ¡basta!, el paso a paso se terminó, ahora vamos a salir campeones —interrumpió su relato y sacó del bolsillo un sobre que colocó de un golpe sobre la mesa—, acá están los pasajes a España. Acá está el exilio, los últimos pesos y el futuro de mi familia… Nos vamos el miércoles.
            El Gordo Baer repasó con la mirada a los demás que parecían haberse quedado hipnotizados y, masticando un pedazo de queso, dijo:— Flaco, Racing juega el jueves, lo anunciaron el sábado. Y nosotros hicimos una vaca... Che Mariano, dale la entrada…
            El Flaco no pudo contener las lágrimas y dirigió la mirada a don Joaco que, desde la barra, arrugó la frente y asintió con los ojos.  Aún su mano derecha tapaba los pasajes de avión, cuando su tembloroso puño izquierdo se aferró a la entrada. Los muchachos sonrieron y el Rafa subió la apuesta: ¡quiero retruco, carajo!
Sergio Carciofi
Foto: La Guadia Imperial en el estadio de Vélez Sardfield, el 27de diciembre de 2001.