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viernes, 30 de noviembre de 2012

En ¿alguien tiene algo que decir? PASAN COSAS RARAS, Por Nelson Pascutto

Stoppelman con parte del público que agradecido asistió a la comidilla.
Ayer se realizó la muestra del TALLER DE ESCRITURA HUMORÍSTICA de Adrián Stoppelman. Quienes asistimos tuvimos la oportunidad de mostrar el trabajo trabajoso (y hasta odioso, si se utiliza en altas dosis) de intentar escribir humor. Pensé que con mi talento natural alcanzaba, pero no (!) Se necesitan técnica, recursos, estrategias, diseños, investigación, práctica, en THREES palabras: ¡hay que saber! Y para saber no queda otra que estudiar y si es con Adrían ¡PASAN COSAS RARAS! como los chistes y relatos de humor que pude escribir y que a continuación les presento: 




Cortito

- No es fácil estar en el escenario. Ustedes no lo notan, pero estoy transpirando más que chorizo en la guantera. Estoy más nervioso que manco con picazón. Y ahora mejor termino porque me siento más incómodo que gordo respetando la dieta en un tenedor libre.

El auto

Para mantener tu auto nuevo impecable, tenés que cumplir con las siguientes condiciones: aprender a esquivar los 8000 baches de la Ciudad, no transitar por Blanco de Encalada los días de lluvia y asegurarte de que tu mujer no lo maneje.

Las mujeres deben creer que los autos terminan en los pedales y en el respaldo de los asientos delanteros, porque luego de chocarlo siempre terminan diciendo: “creí que tenía más espacio”.

Lo que más me molesta es que jamás usan los espejos. Es más, si tuviese que eliminar todas las cosas que no usan, los autos de las mujeres tendrían menos equipamiento que el auto de Pedro Picapiedras.

Algunos hombres, hartos de que le choquen el auto, ya tomaron ciertas precauciones: cuelgan Flotas Flotas en los costados, ponen ruedas viejas en las paredes de la cocheras y algunos directamente desconectan la batería.

A mi auto lo llamo Michael Douglas y las paredes de la cochera Glenn Cloose porque, con mi mujer maniobrando, el auto y las paredes parecen tener una Atracción Fatal.

Son realmente ridículas las excusas de mi mujer cuando choca el auto: “no es para tanto, el abollón es grande pero la puerta cierra”, “sólo se rompió la óptica, la lamparita anda”, “no sabés, choqué y doble el capot, pero tuve la suerte de que un señor me ayudara a cerrarlo”… Sin embargo, lo que realmente me irrita es que cuando me enojo diga: “bueno che, solo es una cosa, un objeto, nada más…” y no entienda que ¡no es un objeto, es mi aaauto!

Lo que me gustaría es convencerla de que use más la bicicleta así, además de no chocarme el auto, podría bajar de peso y achicar las cachas que me deforman la butaca de cuero.

Pero es inútil, cada vez que cambio el auto por uno mejor, mi mujer lo vuelve a chocar. La próxima vez la voy a cambiar a ella. Y, si es por una mujer, voy a asegurarme de que no sepa manejar, tenga auto propio o que no tenga necesidad alguna de manejar mi aaauto!

Cortito

-Dicen en el pueblo que Don Rodrigo, que supo ser estanciero y millonario, ahora está tirado y no tiene un mango. ¡Pero no dicen adónde!
- Así como me ven, estoy igualito a como estaba hace treinta años… mi abuelo.
- El otro día fui al supermercado. Algunos productos estaban tan caros que para ponerle precio usaban un rollo de papel higiénico.

El bosilllista

Bolsillista es aquella persona que opina, critica y se burla mientras otros trabajan, sin sacarse las manos de los bolsillos.


El bolsillistas también es fácilmente identificable porque siempre se lo verá impecablemente vestido como finalista de La Voz Argentina.

También se lo puede identificar por un gesto típico: de pie y las piernas abiertas como parado sobre un bote. Los puños, apretados, en los bolsillos. Codos estirados, trabados y hombros erguidos. Le gusta inclinarse hacia delante, de modo que su cabeza se sumerge y emerge de los hombros en un vaivén propio de mamao tratando de poner la llave en la cerradura. Aprieta sus labios, levanta sus cejas. Luego mira sus zapatos al tiempo que eleva la punta de sus pies, para finalmente erguirse bruscamente y decir cosas tales como “los veo lentos como procesión de santiagueños, ¡eeeh!”

Así parapetado, cualquier situación le viene bien para mandarse la parte sin hacer nada o dar consejos o poner en ridículo al que labura diciendo cosas tales como: “el lechón se hace del lado del cuero, che”, “¿dónde aprendiste a cambiar una goma?, ¡en lo del cirujano plástico!”, “cuando yo pasaba música no se notaban los enganches, este DJ tiene más cortes que el Puente Pueyrredón”…

En mi barrio, a los bolsillistas los llamamos gallina prolija, porque se la pasan acomodando los huevos.

Lo que más me molesta de los bolsillistas es que no sacan las manos ni siquiera para pagar su parte. Siempre terminan diciendo: “no tengo cambio, prestame que después te lo devuelvo”, “me olvidé la guita en el auto, pagá vos que la próxima pago yo”, “que macana che, perdí la billetera, yo la tenía acá en el bolsillo y ahora no está, ¿no me la habrán afanado ustedes, no?” Si fuera por mí les metería la cabeza en el bolsillo y en esa posición, les haría pagar su parte con patadas el orto.

Son realmente ridículos los esfuerzos de los bolsillistas por acumular horas sin sacar la manos de los bolsillos, tan es así que hay quienes tienen diseñado en el pantalón un cierre que abren por dentro de modo tal que no se vean en la necesidad de sacar las manos del bolsillos ni para mear.

Lo que me gustaría es saber es ¿COMO HACEN ESTOS TIPOS?, ¡cuando van a la playa o están en el sauna!

Así son estos personajes y en general no son tan malos y uno termina por tenerles cariño. Como a sus parientes: el Hombre de la Bolsa y el Pata de Bolsa. Aunque, ojo, hay peores: los bolsillistas que les gustan meter la mano en bolsillo ajeno. Pero, como dice Luca, mejor no hablar de ciertas cosas…

Nelson Pascutto

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