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lunes, 29 de agosto de 2011

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "El mundial de Sudáfrica 2010 y el coeficiente de adversidad alemán", por Sergio Carciofi


A nosotros, los argentinos, no nos gusta perder en el mundial. No nos gusta perder ni bien ni mal. No nos gusta perder de ninguna manera. Y, además, no nos cae nada bien los argumentos que recuerdan nuestra impotencia y que pretenden condenarnos a la imposibilidad de cambiar esta situación de perdedores. No les creemos a los compatriotas que dicen: “no cambiamos más”, “siempre fuimos igual”, “cuando ganamos, ganamos de suerte”… Más bien creemos que, de manera negativa, están expresando su voluntad de superar el coeficiente de adversidad de las cosas. Porque hay que decirlo: El coeficiente de adversidad de las cosas, en este caso “alemán”, no le viene a los alemanes por su fútbol, sino que le viene a los alemanes por el fútbol de los argentinos.
          Al igual que Jean-Paul Sartre, que veía a la Argentina como obstáculo para los expatriados políticos franceses que se les aparecía muy lejanas estas pampas como tierra de exilio, porque sólo concebían como proyecto final y absoluto a su tierra francesa; opinamos que, para la selección argentina, el fútbol alemán se presenta como un obstáculo, un peñasco a escalar y superar, porque es nuestro deseo, nuestro fin, ganar la copa del mundo. Dicho de otro modo, para exiliados franceses la lejanía de la Argentina era un obstáculo respecto de su deseo de vivir en Francia; para nosotros, los argentinos, la selección alemana es un obstáculo para nuestro deseo de ganar la copa del mundo.
          Pero el carácter de obstáculo de la Argentina, para los exiliados franceses, o de la selección alemana de fútbol para los hinchas argentinos, no se presenta por los 11.027 kilómetros que separa París de Buenos Aires o por el fútbol desplegado por los alemanes cuando juegan con los argentinos; sino por el contrario, son los exiliados franceses y los argentinos los que crean estos obstáculos que padecemos.
          Por lo tanto, si nuestro fútbol crea al fútbol alemán como obstáculo, está en nuestras manos superar tal situación, esto es ganarles a los alemanes y cumplir así nuestro deseo de coronarnos por tercera vez campeones del mundo, porque somos libres de anhelar la “modificación proyectada de nuestra situación” (Sartre 1943) No obstante, desear no significa que obtendremos lo que queremos: la copa. No, de ninguna manera. El éxito nada tiene que ver con la libertad de elegir ganar la copa, ni con el carácter de obstáculo que le damos a la selección alemana. Sin embargo, que el éxito aquí no juegue, no quiere decir que no sea posible ganar la copa. De hecho ganar la copa requiere clasificar en las eliminatorias, ganar la serie, e ir escalando desde los octavos de final hacia la final. Es decir, el deseo de ganar la copa es posible en tanto es un comienzo de realización, en tanto jugamos para ganar. Y esto, definitivamente nos distingue de las demás selecciones de fútbol que juegan solamente para llegar lo más lejos posible en la competencia. ¡Los argentinos jugamos para ganar, porque elegimos ganar! Y elegimos ganar porque somos libres de elegir lo que queremos. Sostener esta elección es la clave para superar el escollo que representa para nosotros la selección alemana. Los alemanes tienen que saber que cada vez que jueguen con nosotros, jugarán con un equipo que eligió ganarles. Maradona lo tenía y lo tiene muy claro, decía: “sólo sirve ser campeones”. Nuestro coeficiente de adversidad, que representa el obstáculo alemán en tanto es selección de fútbol que participa en el mundial, no es en sí constituyente de nuestro deseo de se campeones del mundo, es obstáculo porque se nos revela como tal en el camino que hemos elegido, que es el camino que debemos recorrer para ganar la copa del mundo de fútbol.
          Tal situación que nos constriñe es motivación siempre y cuando sigamos eligiendo ganar la copa con un fútbol mejor, superior, que borre el límite alemán que nos hemos fijado. Es por eso que a los argentinos no nos gusta perder en el mundial, porque hemos elegido ganar; y nadie mejor que el Diego simboliza la luz del deseo de alzar la copa, que ilumina a la selección alemana como a la selección a vencer. No sabemos si en Brasil 2014 podremos ganarles a los alemanes, pero sí sabemos que de la mano de Diego –entrenador o no– seremos mejores como en el 86´, y  saldremos a la cancha, una vez más, a ganar la copa.

SFCarciofi 2010

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