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martes, 30 de septiembre de 2014

FULBITO PARA LA TRIBUNA: "ELECCIONES EN RACING EN PLENO EJERCICIO DE INMADUREZ DEMOCRÁTICA", por Sergio Carciofi

Este año los socios de Racing Club de Avellaneda tendrán la posibilidad de participar en elecciones, para renovar las autoridades que dirigirán la entidad por un nuevo período.
Tal noticia no sería una novedad, si la vida institucional de Racing transitara por un derrotero de normalidad y seriedad. Bastaría con ejemplificar que las autoridades salientes debieron reacomodarse en su gestión por la renuncia del presidente y el vicepresidente, después de un bochornoso tire y afloje inexplicable y sin el más mínimo sentido de la responsabilidad.
Lo cierto es que el desbarajuste crónico de la institucionalidad del club se ve reflejado en
los paupérrimos desempeños en lo futbolístico (aunque por estos días estemos viviendo el veranito que nos regala Bou) Racing ya no juega partidos internacionales y, cuando muy excepcionalmente lo hace, el resultado es poco menos que lastimoso y frustrante. En los campeonatos locales son contadas las veces que la Academia ha logrado ganar tres partidos seguidos, y ni hablar de los clásicos que esporádicamente gana y, casi siempre, con un esfuerzo que termina resintiendo el resultado del partido siguiente.
En los comienzos de cada torneo la hinchada siente que “este es el año Academia”. Se entusiasma con las nuevas incorporaciones, con el nuevo técnico, pero después de dos o tres partidos todo se derrumba poniendo al desnudo, una vez más, la incapacidad de la dirigencia y el pobre estado institucional del club.
Y, ¿por qué pasa esto?, ¿cuáles son las razones de que Racing caiga siempre en el escándalo de las renuncias, cambios de técnicos y malos resultados que nos ponen al borde de perder la categoría?
Algunos piensan que esa especie de idiosincrasia racinguista del aguante, que banca todo y que se regodea de su fidelidad y amor por la camiseta, es el bosque que nos hunde en la oscuridad del fracaso. Pero resulta que tal visión no es más que un árbol que tapa, entre muchas otras cosas, algo que es central en la vida institucional del club: la falta de experiencia democrática.
Desde que volvió la democracia a nuestro país en 1983, Racing nunca tuvo una verdadera continuidad democrática ni los dirigentes estuvieron a la altura del esfuerzo nacional en ese sentido. Arrancó en la Primera B, volvió a primera división en 1985 y, después de pasar una gestión que tuvo un éxito aislado (la Supercopa de 1988) de la mano de Juan De Stéfano, sobrevino una caída institucional que en cuatro años llevó al club a la quiebra. Desde el 4 de marzo de 1999 hasta el 21 de diciembre de 2008, es decir durante casi nueve años, Racing Club estuvo bajo la administración de un juzgado primero y gerenciado por una empresa después, la cual tuvo el paradójico logro de obtener el campeonato del 27 de diciembre de 2001, en medio de la hecatombe económico-financiera que casi desintegró al país.  Por lo tanto, recién cuando asumió Rodolfo Molina es que se podría hablar de un verdadero ejercicio de la democracia en la institución. Sin embargo, la falta de experiencia democrática, la inexistencia de dirigentes con voluntad y capacidad de conducción institucional, privó a la Academia de reiniciar un proceso político capaz de impulsar y sostener una administración seria y responsable.
Aunque con más errores que aciertos, luego de la gestión de Molina hubo una esperanza de continuidad. De hecho, los socios vieron con buenos ojos que una administración pueda proyectarse en el tiempo y redondear un proyecto que pueda servir de base a esa experiencia democrática tantas veces truncada y, por esa razón, extendieron su confianza a la fórmula Cogorno-Molina.
Pero, al poco tiempo, la ignorancia supina y pusilanimidad en el ejercicio administrativo y político de estos dos dirigentes descabezó a las autoridades del club. Se vieron obligados a renunciar por su propia ineptitud y falta de grandeza, esquivando la responsabilidad de darle a la Academia esa continuidad institucional y democrática que tanto necesita. No obstante no es justo echarle toda la culpa a Cogorno y Molina, también los demás dirigentes, por falta de iniciativa o falta de huevos, dejaron al club en un estado de acefalía gobernado por un tal Victor Blanco, un desconocido de nacionalidad española que nadie votó ni nadie eligió para conducir los destinos de Racing Club. Lo plausible hubiera sido reunir a todas las agrupaciones racinguistas, a todos los dirigentes, a todos los socios y conformar una comisión de emergencia para convocar rápidamente a elecciones y devolverle al club la representatividad que hoy no tiene. Sin embargo nada de esto sucedió.
La dirigencia de Racing es inmadura, no tiene trayectoria democrática ni ha consolidado institucionalmente al club. Por contrapartida, Racing aún tiene un largo camino por recorrer en lo que a democracia se refiere. Este año hay elecciones, los socios debemos, por el bien de nuestra querida Academia, no perder de vista este aspecto esencial para nuestra vida política. Y para eso hay un solo remedio: participación, compromiso y responsabilidad. No dejemos que nos vendan más espejitos de colores.

Sergio Carciofi

         Socio nro. 013054-1 

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