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sábado, 17 de diciembre de 2011

ALPARGATAS SÍ, LIBROS TAMBIÉN: "¡La navidad de Luis!", por Nelson Pascutto

Como todos los años, la señora le dijo: “toma Luis, mañana es navidad, un pan dulce y un poco de vino, ya que no puedes comprar”. Inmediatamente, Luis tomó el palo de amasar y mató a la vieja a golpes.
Las crónicas periodísticas cuentan que Luis había tenido sexo con la oreja muerta de la vieja, que le arrancó los ojos y se los comió en una ensalada waldorf, que se lavó los testículos con la mezcla de sangre y saliva de la cabeza partida de la vieja y tantas otras cosas más. Pero no es cierto. Todos sabemos que a Luis no le gusta la ensalada waldorf.
La Policía intervino rápidamente y, por la claridad probatoria de los hechos, no fue difícil (increíblemente) llevar a Luis a juicio oral en dos semanas. En el juicio se ventilaron cosas horrendas: se supo que Luis, efectivamente, era un hijo natural de León Gieco y de la hija mogólica de la vieja asesinada. Además, se puso en evidencia las preferencias sexuales del vecinito de cinco años, testigo directo de los hechos, puesto que, en las primeras audiencias plenarias, no dejaba de gritar: “me gusta culiar perras”. Afortunadamente, la madre lesbiana logró callarlo partiéndole la cara de una cachetada.
El fallo fue unánime: Luis se encontraba en estado de emoción violenta. Cada año de humillación que la señora le propinaba y que culminaban con ese “Toma Luis…”, habían mellado su capacidad de discernimiento. Uno de los elementos que se tuvieron en cuenta fue el hecho de que Luis, después del asesinato, se llevó el “pan dulce” y el “poco de vino”. Por lo demás, los fundamentos tenían largas citas textuales del libro “El Patrón” de Elías Neumann y la condena fue de un año de prisión.
Hace unos días vi a Luis. Está bien, tranquilo, me contó que salió de la cárcel hace algunos meses y que está viviendo solo. “Feliz navidad”, le dije­. “Mi vida no es de navidad”, contestó como siempre.
Nos alejamos sabiendo que no nos volveríamos a ver y creo que por esa razón sobrevino en mí cierta melancolía. Pensé: de ahora en más, ¿cómo será “La Navidad de Luis”?... Vaya uno a saber… ¿Y la de ustedes?... Sea como sea, siempre tendrá una bocanada de aire fresco para el espíritu y un peso más que llevar en la mochila. Pero lo importante es que, como decía Luis, nos dará algo más para poder seguir viviendo, viviendo, viviendo…  

¡Feliz Navidad!


Nelson Pascutto

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY BUENO juan

Anónimo dijo...

Los cuentos de horror de Quiroga quedaron a la altura de un poroto. NO ME GUSTO, sé que quisiste poner el acento en la humillación del que recibe cotidianamente el maltrato a su dignidad, pero bueno, es feo, aunque quizás lo lograste, no sé, tengo que pensarlo. Nan.