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miércoles, 4 de enero de 2012

AFORISMOS DE JACK TEX TOUSSEAU: "Aforismo XV"

Como siempre, buscaba a alguien que tuviera algo que decir. Esta vez por el desierto sanjuanino. Súbitamente, máquinas que se desplazaban por medio de artefactos circulares negros -algunos tenían cuatro, otros dos- comenzaron a acercarse hacía mí. Algunas solo intentaban rozarme mientras gritaban: "correte pelotudo", "sal de ahí, gilipollas", "get out, idiot". De pronto, un ser extraño montado sobre una maquina de dos artefactos circulares negros, seguido por un amplio cortejo de piedras y polvo arremolinados por un viento celestial, se detuvo intempestivamente y ensayó un ornamental saludo sobrevolando sobre mí para luego posarse sobre un pequeño peñón que, intuí, probablemente era su trono. Mientras me acercaba, agradecí a todos los dioses el grande honor de prestar atención en la insignificante existencia que represento. Hinqué mis rodillas ante él, junté mis manos, agaché mi cabeza y con gesto de súplica le pregunté: "oh, noble Dios que viajas por los cielos en tu caballo maquinal, ¿que vienes a decirme?". Y, con un sonido pausado, gutural, que brotaba desde la esfera brillante ubicada en la parte superior de su cuerpo, contestó: "Andate a la reputísima madre que te parió" Luego cesó todo gesto y movimiento, dando a entender que la conversación había terminado.

En su larga carrera hacia la verdad, la filosofía crea sus propios obstáculos.

Jack Tex Toussseau,
filósofo extemporáneo

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