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martes, 30 de octubre de 2012

LA OBRA DE TEATRO DE LA SEMANA: "AMEN. VOLVER AL FUTURO", por Carina Kosel



Amen

de Marti Delavalle y Fabián Bril
Actúan: Marti Delavalle, César Eloy y Eugenio Tourn
Dirige: Fabián Bril
Teatro Silencio de Negras (Luis S. Peña 661), lunes 21 hs.
Reservas indispensables al 4381 1445

El otro día aprendí dónde está el plexo solar (curioso y hermoso nombre para una parte del cuerpo). Y que ahí hay un hueco que algunos llaman chakra y otros boca del estómago. El asunto es que anoche, después de ver Amen, me fui con un nudo, una pesadez, una piedra oscura justo en este lugar. Nudo que se deshizo prontamente con el aire fresco, el andar de los minutos y se terminó de esfumar con un tequila.
Si hablamos de géneros, podría decir que se trata de una obra de ciencia ficción, futurismo, pero del post-apocalíptico. Me recordaba un poco el mundo de Mad Max, Highlander −esos mundos creados por mentes ochentonas y suculentos presupuestos hollywoodenses− pero vistos y creados desde una habitación de 3 x 3, con total honestidad y entrega física y emocional.
Hay un cantante de rock, Chinchi. Una arpía que lo domina, Gina, y quiere dominarlo todo (¿su representante?). Y hay un poeta, Brando, decadente, bohemio, frágil, torturado, inestable, sucio, explotado, fracasado, hecho jirones, lamentable… pero que tiene algo que ya no se consigue y que los otros dos necesitan. La cosa es cómo quitarle eso a Brando y las consecuencias que acarrea tal despojo.
Debo destacar que la obra se desarrolla en una microsalita donde entran quince espectadores. Un hecho nada menor, paradójicamente. Porque uno está a dos o tres metros del actor. Uno tiene la sensación de ser un voyeur escondido en un rincón de una habitación. Es terriblemente crudo y potente el impacto emocional que eso provoca, no hay distancia, uno está metido adentro de esa oscura casa de locos.
Asombra el uso que se hace de los textos de Shakespeare, que aparecen en este contexto tan distante de su origen y expresan el meollo y el centro de todo el conflicto. Tan poéticos, tan poco cotidianos y eternos, resignificados y reapropiados.
Los tres actores están muy curtidos en el teatro independiente, en el teatro experimental, tienen un instrumento físico afinadísimo, un cuerpo que dice de todo en escena. Un cuerpo que también se deja llenar de emociones verdaderas. En fin, tres actores jugados y entregados que ponen toda la carne al asador, el lomo, las achuras y los menudos. Hasta el alma de la vaca ponen.
Por último, sobresale el trabajo del titiritero invisible, el director, el que no se ve en escena pero está en todo.  Y el excelente vestuario, la muy buena ambientación. Todo eso narra, todo es significativo y colabora en arrastrarnos a ese pozo de oscuras miserias humanas que se produce en Amen.
Dice mi joven amigo y maestro Leandro Airaldo que el ser humano tiene la necesidad natural, imperiosa, genética de transitar distintas emociones. Y que por eso, entre otros motivos, el teatro perdura a través de los milenios. Así que vayan a ver teatro, vayan a ver esta obra y transítenlas. Transiten asco, lascivia, cariño, piedad, conmiseración, angustia. Odien. Amen. (Y después, un buen tequila).

Carina Kosel

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