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domingo, 16 de septiembre de 2012

DE UNA PUNTA A OTRA DE LA HISTORIA: "Valenzuela y Sanguineti tampoco cuentan la historia completa"



La presidenta Cristina comentando el libro

          La presidenta Cristina F. de Kirchner recordó, por cadena nacional, que el ex presidente Domingo F. Sarmiento clausuró los diarios La Nación y La Prensa. Ocurrió en ocasión del anuncio del aumento de la asignación universal por hijo (AUH), y tomó como referencia el libro Sarmiento periodista. El caudillo de la pluma, del funcionario macrista Diego Valenzuela y Mercedes Sanguineti.
           Sarmiento tomó esa decisión el 24 de septiembre de 1874, el mismo día en que Bartolomé Mitre decide levantarse en armas contra su gobierno. La causa de la “revolución” es el fraude electoral que alegaban los mitristas en las elecciones que llevaron a Nicolás Avellaneda a la presidencia.
          Las instrucciones de Mitre eran esperar hasta que Avellaneda asumiera el 12 de octubre, y así se los manifestó a sus seguidores: “Creo que debemos ir a la revolución cualquiera sea nuestro número; pero creo también que esta no debe hacerse mientras esté Sarmiento que preside un gobierno constituido, sino cuando él termine”. (F. Armesto, 1874) Sin embargo, el primer hecho revolucionario se desencadenó ese 24 —entre la cañonera Uruguay que trató de someter a la cañonera Paraná, la cual prefiere mantenerse fiel al gobierno—, y se resolvió el inmediato inicio de la revolución.
          El aviso a los conjurados con el golpe de estado mitrista se comunicó “por mensajes en clave disimulados entre los avisos de La Nación y La Prensa como estaba convenido para el caso” (J. M. Rosa, 1981).
          José C. Paz, propietario de La Prensa, escribió ese día en el editorial: “(…) el momento supremo ha llegado (…) o traidores a la constitución y a la patria, o defensores de las libertades públicas (…) Cerramos desde hoy las secciones editorial de La Prensa para ponernos al servicio del pueblo en el terreno de los hechos” (J. M. Rosa, 1981). Horas después, Paz y Estanislao Zeballos abandonaron su rol de periodistas para apoderarse de las armas de la comisaría de Belgrano.
          Sarmiento entonces declaró el estado de sitio y clausuró “La Nación, La Prensa, La Pampa, diarios rebeldes, y El Nacional que le es afecto” (M. Galvez, 1957).
          El Nacional fue el diario que apoyó a Sarmiento desde el mismo momento de su candidatura y luego a lo largo de su gobierno. Tal es así que el sanjuanino lo sentía como propio. En sus páginas el presidente publicó sus artículos para defender su gestión y contrarrestar la férrea oposición de los diarios la Nación Argentina primero y luego La Nación. Sarmiento escribía en febrero de 1869 a su amigo Posse: “Un vacío siento y tu pudieras llenarlo. Falta un escritor en la prensa. Si lees la Tribuna y el Nacional verás cuan pobre de exposición es mi gobierno (…) Con la realidad que yo pudiera crear, no alcanzaré a formar una opinión publica que la comprenda. Quisiera ser yo mi propio órgano”.
          Si algo debemos reconocer a Sarmiento, y tal vez más que a su obra educativa, es la amplia libertad de prensa que tuvo su gobierno. Diría que fue casi un fanático de la pluralidad de opiniones. La pluma fue su arma más eficaz y los debates su terreno de batalla preferido.
          Valenzuela y Sanguineti no dicen que Sarmiento cerró también su propio  diario, el oficialista Nacional. Como también cerró su diario José C. Paz para tomar las armas, porque ya no quedaba nada que debatir. El punto es que en esas jornadas Mitre sublevó el ejército contra el orden constitucional y decidió un golpe de estado. Su diario, La Nación, fue el fogonero de su política desestabilizadora y golpista y desde donde se complotaba transmitiendo las órdenes codificadas entre los avisos comerciales.
          El libro citado por nuestra presidenta, que se esfuerza en todas sus páginas en mostrar al Sarmiento de bronce que todos conocimos en la escuela, cuando tiene que poner en evidencia la tradición golpista del diario La Nación, prefiere esquivarla omitiendo datos.
          Si Velenzuela y Sanguineti hubieran “contado la historia completa”, nuestra presidenta al citarlos, en lugar de decir que Sarmiento cerró el diario La Nación, podría haber dicho: vean desde cuando viene la tradición golpista del diario La Nación.
           Mitre, que fue un pésimo militar, se rinde en La Verde, partido de 25 de Mayo, con su ejército de nueve mil hombres, ante los ochocientos cincuenta hombres sin artillería del teniente coronel José Inocencio Arias.
          Seis días antes de entregar el mando presidencial a Nicolás Avellaneda, Sarmiento escribe en el diario La Tribuna: “¿qué necesidad de fraude había para vencer a Mitre? (…), si la difamación, la anarquía y la calumnia por sistema, vomitadas todas las mañanas por aquellos albañales de la casa de Don Bartolomé Mitre que se llaman Nación Argentina (…) nada han podido en seis años”.
          No pudieron con Sarmiento, pero el diario La Nación sí tuvo éxito en muchos momentos de nuestra Historia y lejos está de abandonar sus propósitos. De modo que, los historiadores, no deberían confundirnos omitiendo los hechos que evidencian tradiciones vigentes y determinantes en la actualidad.

Sergio Carciofi

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