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viernes, 9 de septiembre de 2011

RECOLECCIÓN DE PRINCIPIOS: “Te amo, te odio, dame más...”




El pasado 28 de agosto, la presidenta Cristina Kirchner ganó las primarias por el 50,21 %; y ya se da por cierto que podrá superar ese porcentaje, en las elecciones generales del 23 de octubre.
Similares porcentajes de adhesión a su gestión se plasmaron también en toda la zona agropecuaria argentina, algo impensado allá por el 2008, en ese estruendoso conflicto campo-gobierno.
Vale entonces recordar la siguiente reflexión para hacernos una idea de lo que decimos y hacemos en un momento y en otro, aunque no sean tan distintos y lejanos en el tiempo. 
Pasen y recuerden:
¡Cuantas opiniones para explicar lo que pasó! Y, ¿qué pasó?... “El egoísmo de la oligarquía terrateniente, que no quiere resignar una pequeña porción de sus crecientes ganancias, colocó al resto del pueblo en la situación de no poder acceder a los alimentos de primera necesidad como la leche y el pan”, dicen... “El desconocimiento  de la realidad que viven los productores del campo, llevó a la, autoritaria, Presidenta a tomar medidas que confiscan los márgenes de ganancias del sector”, dicen por otro lado... “Sector que hizo grande a nuestro país”, se escucha decir... “¡El que salvó a la patria en el dos mil uno!”, se escucha gritar... “¡Pero no hablen estupideces... ustedes son la puta oligarquía golpista del setenta y seis!...” “¡Basta de matones del gobierno, queremos que se vayan... todos!...” “¡Los odio!”, “¿a quién?” “A ustedes que son blanquitos...” “¡Yo también te odio, negro de mierda!...” “¡Nos pegan..., ¿y la policía?!..., ¡vamos con las ollas...!”, “¡ar-gen-ti-na, ar-gen-ti-na, ar-gen-ti-na!...” “¡Patria sí, colonia no!, ¡patria sí, colonia no!...” “¡Son los piquetes de la abundancia!...” “Sí, hacemos piquetes. Pero lo que criticamos de los piquetes es que, los piqueteros, se tapan la cara y van con palos. Nosotros no. Nosotros venimos solos y ponemos la cara..., ustedes, Señor, vienen con palos.” “¿Con palos yo?, estoy de acuerdo con el gobierno, pero no soy piquetero”. “¡Ustedes vienen a la plaza con palos!”, contestan más fuerte. “Señora, ¿le gusta que a usted le corten la calle?...” “No me gusta, pero siempre he tenido que soportar los cortes yo... ahora que me soporten a mí...” “Humildemente, levanten el paro y vamos a dialogar”... “Ahora quieren dialogar..., ¡el paro está firme como el palenque...! y nos vamos a sentar a dialogar cuando nos den lo que pedimos...” “Los artificios políticos no alcanzan para hallar las verdaderas soluciones”, dice Clarín... El gran decidor argentino...(!) “Convocamos a un acto masivo en la Plaza de Mayo para el día martes...” “Es la plaza de Perón...” “No, es la plaza de todos.” “Venimos a tomar la plaza...” “¿Eh?, yo me las tomo…” “No estamos de acuerdo con las expresiones de violencia”, dice el ministro. “Un muerto en piquete de Laboulaye”. Esto ya no es joda... “Apostamos al desgaste...” “Hay que salir a bancar...” “Representamos a un sector político que practica un apoyo crítico al gobierno...” “No se olviden, Dios sobrevuela los campos e ilumina las almas que reclaman...” ¿Le parece, Carrió? “He llamado a la pacificación y el diálogo”, dice Macri (¿Se enteraron?, hay que vestirse mejor en la ciudad de Buenos Aires) Tiran leche, matan pollitos, se pudre la verdura... “¡No levantamos el paro!” “No hay diálogo con extorsión...” Y se siguen perdiendo alimentos... “El odio de clase es una manifestación que denota...” (?), dice un respetado intelectual. “El peronismo nunca planteó la lucha de clases”, dice la Presidenta... “Los comunistas, en la argentina somos nosotros” recordaban que decía John W. Cooke... “¿Quién es Cooke...?”, “¿ahora hablan todos?” “Dejemos de escuchar extranjeros”, dice alguien que dice, por decir, lo que dice. Es un problema de clase, se escucha decir. “¿Son intereses o modelos los que están enfrentados...?” “¿Qué es un lockout?” “Un paro de patrones”. “¿De patrones?” “Algo así...” “No entiendo nada...” “Yo tampoco”. “Estoy realmente sorprendido y alarmado con la situación”, dice un conocido opinólogo. “También existe un problema de género”. “No había tantas mujeres entre los gauchos, ¿Viste?...” “El desabastecimiento es preocupante”. “Las góndolas están vacías”. (“Las de Venecia también -recordaba una Señora que abollaba cacerolas- porque es carísima, te cobran cien euros por media hora de paseo”) “¡Falta la carne!” “Vamos a ver si los argentinos aprenden a comer”, dice una vegetariana en el supermercado... “¿Levantaron el lockout?...” “¡Mirá, el gaucho de Gualeguaychú se puso los dientes!...” “Parece que, al menos, pa´ los dientes no les falta guita”, dicen en un bar del conurbarno bonaerense y unos cuantos se ríen, sin dientes. “Si les hace feliz agraviarme, síganlo haciendo, pero por favor, no agravien más al pueblo...”, dice la Presidenta... (El artículo es el que define el género. Lo correcto es decir: La Presidente. Pero, lingüísticamente, se acepta que se diga “la Presidenta” por razones ideológicas. De todos modos, depende en qué contexto y por quién y si, en definitiva, no suena ridículo. No queda bien decir: La amanta. Queda mejor decir: La amante -dice mi mujer, que es lingüista, usando un ejemplo un tanto sugerente respecto de mí-. ¿Se entiende? Según la Presidenta, está claro: “Por ser mujer me cuesta más”)... El pueblo. Qué bueno, no hablamos de gente. “Este gobierno peca de populista...” “Parece que he cometido otro pecado, el de ser mujer”. (¡Pará Cristina!...) “¡Qué se vaya con Chávez!...” “¡Qué vuelva Videla!...” “¡Montoneros revanchistas!” “¡Torturadores hijos de puta!” “¡¿Qué hace Cristina con las retenciones, se va de shopping?!...” ¡Baaasta!

No crea el lector que es mi intención mostrar que todo es una salsa de la que, por la confusión de los actores, es complicado salir. No es así. Hay intereses y, tal vez modelos encontrados, pero básicamente hay un acuerdo: Somos un país capitalista, con un sistema de representación política llamado “democracia” -ciertamente en crisis- que, a pesar de todo, se mantiene porque resulta ser mejor, por el consenso legal que permite, que muchos otras formas de representación que facilitan decisiones sin apoyo del pueblo. Por eso se llama a respetar el voto popular. (Aunque este tipo de representación adolece de un problema más importante aún y parece ser la raíz del descreimiento general: El no cumplimiento de las promesas que seducen votos. -Dejemos esto para otro momento-). No obstante, si asumimos lo que acabo de decir, estamos asumiendo también lo que claramente dijo la Presidenta: “No tiene que molestarnos que haya gente que gane mucha plata”. Llegado a este punto, es muy difícil pretender salir del entuerto que representa la idea de que estamos viviendo en una comunidad igualitaria. Y lo creo así por lo siguiente: No hay iguales si hay gente que gana mucho dinero y hay gente que no gana nada; si hay gente que disfruta de todos los bienes y servicios posibles y hay gente que muere de hambre. Por eso, la salida más elegante a este dilema suele ser aquella que proclama lo siguiente: Pretendemos un capitalismo igualitario, o humanitario, o con conciencia social, etc. Es decir, un capitalismo en el que, quienes ganan mucho dinero, estén dispuestos a resignar una parte para que otros, que no ganan nada, puedan ser beneficiarios de este sistema en el que todos coincidimos que es: ¿el mejor posible? (la Presidenta diría: ciudadanos que se piensen como parte del país y no como propietarios del país) Y ¿cómo se hace? Bien, aquí está el conflicto: Hay odios, hay intereses, hay modelos, hay golpistas, hay democráticos, hay obtusos, hay justos, hay pecadores, hay... de todo... pero hay algo en común: Codicia. El sentimiento básico sobre el que se sostiene todo este andamiaje económico, social y político. Y no estoy hablando de una nimiedad. El precandidato presidencial por el Partido demócrata de la potencia capitalista más grande del mundo (Estados Unidos de América), Barak Obama, planteó, en su campaña, el problema de la codicia como uno de los temas más preocupantes de la crisis económica norteamericana; dijo: “Demasiadas veces hemos disculpado o incluso abrazado una ética de la codicia, cosas que ya han amenazado la estabilidad de largo plazo de nuestro sistema económico”. ¿Propone terminar con la codicia? Si es así, entonces, yo pregunto: ¿Es posible terminar con la codicia y mantener al capitalismo?, o para ser más condescendiente con el sistema: ¿Es posible ser menos codicioso para, así, mantener al capitalismo?
No será fácil sostener la columna si le sacamos el cimiento, por lo tanto, ¿dejamos todo como está o buscamos otra manera de sostener nuestros edificios? Me dirán: ¡Cambiar el sistema es imposible!, pero, ¿cuan posible será sostener una sociedad atestada de niños hambrientos y en la que, a la vez, se tira y se deja pudrir la comida para defender un interés sectorial?... Esto es obsceno por donde se lo mire. No hay argumento alguno que justifique tremenda demostración de codicia ni dignidad humana que lo sostenga. En todo caso, al menos,  tengamos el pudor, de tener presente siempre lo siguiente: En la Argentina, que se enriquece exportando alimentos, hay niños que se desmayan en las escuelas porque tienen hambre.
Noam Chomsky sostenía (en el marco de un debate que protagonizó con Michel Foucault en 1971[1]) que un conflicto nacional en el cual, como decía Foucault, “se hace la guerra para ganarla, no porque sea justa”, es decir, en la que se libra una batalla solamente en términos de poder, “no hay pregunta acerca de la justicia”. Por consiguiente, no es posible preguntarnos como ser menos codiciosos y más justos con el prójimo, no es posible proponernos hacer una sociedad justa que termine con el hambre en la Argentina, no es posible pensar en la satisfacción de la necesidades humanas fundamentales, en un conflicto como el que se vivió estas últimas semanas, entre los productores agropecuarios y el gobierno nacional. O sea, entre quienes manifiestan odios de clase, tiran alimentos en un país hambriento e intentan imponer, sin argumentos, el derecho a destruirse entre sí.
El conflicto del campo (por denominarlo de alguna manera) está dedicado a sus protagonistas, a sus intereses egoístas, a sus odios; y, al juzgar por sus manifestaciones mediáticas, parece que les complace. A esos rostros sonrientes, entonces, solo me resta hacerles una pregunta: ¿Y para el pueblo cuándo?[2]

SFCarciofi
9/4/2008


[1] Noam Chomsky – Michel Foucault “La Naturaleza humana: justicia versus poder. Un debate”, Ed. Katz 1ra Ed. Oct. 2006
[2] La misma pregunta que Libertad le hizo a Quino, luego de que éste le dedicara la tira a sus personajes de Mafalda.

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