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miércoles, 21 de marzo de 2012

ALPARGATAS SÍ, LIBROS TAMBIÉN: "El consumismo dividido por una pared", por Nelson Pascutto

The Wall en Argentina
          ¿Qué es eso de pagar una costosa entrada a un recital, para que te refrieguen en la cara que sos un consumista de mierda? O más bien, ¿por qué consumimos, con desesperada admiración, la más espectacular crítica al consumismo?
          Quizás porque solo nos gusta los mega-recitales de rock y sus impresionantes producciones. Porque no sabemos bien qué mierda dice Waters pero siempre algo escuchamos y todo el mundo dice que esta re-bueno el recital y no te lo podés perder. Porque, en definitiva, no nos importa que Roger nos critique como espectador si, al fin de cuentas, él también se llena de plata y nosotros no le reprochamos nada. Porque hace tiempo vimos The Wall, la película, y recordamos que nos gustó pero que se trataba de una historia atormentada, dramática que nos hizo ver, un poquito, las miserias del sistema en que vivimos. Porque sabemos que Roger Waters después de escupir a un fan en un concierto de los años setenta, decidió poner un muro entre la gente y la banda para exaltar su alienación con su opera rock; y porque asumimos el papel que nos toca del otro lado del muro y nos sentimos identificados e interpelados cuando este tipo nos pregunta: Ché, vos, allí afuera en el camino, haciendo siempre lo que te dicen, ¿podés ayudarme?[1], y nos bancamos la crítica, la aceptamos, aún sabiendo que no podemos más que cambiar nuestro modo de seguir viendo el mundo, al menos durante el tiempo que dure sentir la cálida emoción de la confusión[2] del show.
          Los que presenciamos alguno de los nueve conciertos que Roger presentó en la Argentina, estuvimos frente a un perro consumista que le muerde la mano a su amo; ante uno de los tantos monstruos psicópatas creado por el capitalismo; ante la contradicción anárquica que pone a todos en la misma bolsa para que nos sintamos una mierda porque tenemos un auto que consume el petróleo que otros producen dejando por semana miles de charcos de sangre en el piso (¡Uf!, la frase es tan larga y dura que nos quita el aliento, ¿no?)… En fin, frente al muro que el arte de este fenómeno del rock simbolizó para proyectar nuestros propios ladrillos culturales, sociales, políticos, económicos. O dicho de otra manera: la careta que a cada uno le gusta mostrar al prójimo.
          De un lado del muro, un desquiciado consumista con conciencia de sí y su banda de rock que no perdona ni a la madre, ni al padre. Del otro, una muchedumbre admirada de sus propias miserias.
          Jean-Paul Sartre nos diría que El Muro es el obstáculo, peñasco, sobre el que proyectamos las situaciones que anhelamos modificar; y que, tal vez, sea nuestra libertad, la que nos compromete a seguir vivos y llorar en el espejo que refleja el lodazal que representamos sin chistar, la que nos marque el pulso del esfuerzo que debemos hacer para cambiar definitivamente nuestra realidad consumista.
          ¿¡Alguien quiere cambiar este sistema de consumo o prefieren seguir asumiendo mansamente lo que el muro y el espectáculo les proyecta?!... Es sólo un concierto de música, lo sabemos, pero acaso valga la pena, y hasta salve la vida de alguien, asumir las contradicciones que nos propone y cuestionarlas en algún punto capaz de virar un poco nuestras conciencias idiotas.
          The Wall pasó por la Argentina, impresionó su puesta en escena y la crudeza de su mensaje. Algunos, la mayoría, nos sentimos más miserables. ¿Y vos?,  sí vos que no aplaudiste cuando Roger le dedicó los nueve recitales a las Madres de Plaza de Mayo…, no te hagas el distraído, ¡sacate el disfraz!, o pensaste que podría gustarte ir al show[3]

Nelson Pascutto
(marzo 2012)        


[1] Pink Floyd, The Wall: “Hey you”
[2] Pink Floyd, The Wall: “In the flesh?”
[3] Pink Floyd, The Wall: “In the flesh?”

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