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miércoles, 14 de septiembre de 2011

RECOLECCIÓN DE PRINCIPIOS: "San Martin y la doble mano"

¿Qué siniestros intereses, qué retorcida ideología se esconde tras el cambio desde la doble mano hacia la mano única en la Avenida San Martín? ¿Qué partido de fútbol 5 se está jugando y nosotros sin entrada?. Nada sucede porque sí, todo es parte de un plan perfectamente urdido cuyo epílogo es esta realidad: Avenida San Martín mano única. Para entender de que se trata debemos escarbar el pasado, hurguetear en el ayer. Remitirnos a la precisión de datos incontrastables como los vertidos en el libro "Vicisitudes de un prócer indeciso" del escritor Ernesto J. Sivoy en el cual se encadenan cantidades de historias y anécdotas que la historia oficial calla. Historias que desnudan una personalidad desconocida del legendario patriota. Entre ellas destacamos a modo de ejemplo la que aconteció justo antes del cruce de los Andes. Encontrándose San Martín frente al muro de rocas, a la mole de piedra, al infinito de cascotes y escoltado por la tropa regular que esperaba ansiosamente su orden de avance, nuestro prócer comenzó a dudar: "cruzo a caballo...espero el colectivo, ...arrancamos hoy que está nublado... esperamos mañana que seguro hay solcito...". Afortunadamente los segundos al mando accionaron rápidamente: subieron a San Martín al caballo blanco, le sacaron la foto para los manuales Kapelusz frente a la inmensa cordillera, devolvieron el caballo, subieron al Libertador a un burro y comenzaron así el cruce de los Andes. En suelo chileno nada fue distinto. En ocasión de la batalla de Chacabuco, la táctica y la estrategia de guerra desplegada sugiere un continuo amague por parte de las fuerzas criollas: vamos por la derecha... vamos por la izquierda...atacamos con los caballos... avanzamos con las torres... parece que atacamos y no...osoooo... lo que produjo un hondo desconcierto en las tropas españolas que, dejando sus armas y banderas, procedieron a la retirada. Otro tanto en la famosa entrevista de Guayaquil con Simón Bolivar. La continua indecisión de San Martín (que sigo yo, que siga Usted..) motivó que el venezolano pronunciara la conocida frase:- Don José, póngase Usted de acuerdo con Usted mismo, caramba!!!. La historia oficial ocultaría posteriormente todos estos datos; escritores como Rojas y Mitre contando con la colaboración de maestros y profesores, por desconocimiento, por desinterés, por superposición horaria o por motivos que desconocemos, han legado a las generaciones posteriores la imagen de un San Martín completamente diferente del real donde el bronceado cálido y natural de su origen mestizo ha mutado poco a poco hacia el bronce metálico, frío y ajeno de una estatua desde la cual un general de porte cuasi europeo parece condenado a recitar a perpetuidad  las Máximas a Merceditas.
Los ilustres colocadores de nombres de las calles de nuestra ciudad conocían algo de esto. Sabían de la verdadera personalidad del héroe, de su "idayvueltismo militante" por lo que a la hora de bautizar la Avenida principal no dudaron en colocarle, como un mensaje encriptado para el futuro, el nombre de San Martín y hacerla doble mano.
Pasaron muchos años hasta que el largo radio, el blanco metatarso de la historia oficial descubrió el mensaje oculto y valiéndose de vaya a saber que sucias argucias (planeamiento estratégico, partidas presupuestarias previamente asignadas, etc) presionaron al poder Comunal para lograr su cometido. La férrea voluntad que cien años de historia y tradición no lograron doblegar es hoy exhibida, torcida y recalcada,  como un tributo a la modernidad, como un sacrificio pagano a los tiempos que vendrán y  precipita, mientras tanto,  una nueva palada de escombros sobre la verdadera personalidad del Padre de la Espada, del Santo de la Patria, Don José de San Martín.
La Agrupación Amigos de la Arteria Principal (AAAP) de Carlos Casares se encuentra recolectando firmas para lograr, de continuar estas condiciones, un cambio de nombre a la Avenida San Martín, solicitando que a la misma se la denomine Don Rodolfo Caprioli o Roberto José Mouras,  de los cuales no podemos sospechar adhesión alguna al idayvueltismo. Y aprovechando la oportunidad solicitaremos al Museo Mouras la colocación de un silenciador en el escape del auto de carrera conocido como el "7 de oro" cuyo rugido de motores provoca una terrible inflamación de huevos a ocasionales y desprevenidos transeúntes.

                                                                                                               
Enrique Buracco
                                                                                                                 13/09/2011

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